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La visita del Serenense a Coquimbo

Casi desde un inicio de mis estudios en el colegio en el 8vo Básico, me hice amigo de Wildo, a quien visité varias veces a Coquimbo, pero nunca tuve muchas oportunidades de compartir sus barbaridades con su grupo de amigos y compañeros allá... sólo unas pocas veces y una de esas es la que recuento ahora.

Resulta que la pandilla de Coquimbo – Herradura (incluía a Mauricio, Wildo, Javier y algunos otros amigos locales de Coquimbo) eran amigos de las hijas del director o directora de uno de los liceos que se ubicaba muy cerca de la casa de Wildo. Gracias a este contacto el liceo pasaba a ser propiedad de la pandilla los días que no habían clases o en las tardes. Me tocó ese día sentir la sensación la libertad que eso daba, tener todo un liceo a tu disposición... ahora que pienso para atrás todo se ve un poco difuso y con matices psicodélicos... es chistoso, en ese momento me pareció totalmente descontrolado – y lo era.

Esa tarde jugamos a algo así como pillarse o las escondidas... la cosa es que me acuerdo estar corriendo por los techos de pizarreño del liceo que tenía como unos 3 pisos por lo menos (no se sorprendan, les dije que el liceo pasaba a ser propiedad de la pandilla) perseguido por uno del otro bando... y me tocó una parte del techo en desnivel y yo sin titubear (y sin pensar) salté al nivel inferior – los techos estaban húmedos y me imagino que viejos también – y resulta que no aguantó tanto maltrato y cedió... Quedé colgando agarrado por mis brazos a mis lados con las piernas colgando, algo así como si hubiese atravesado hielo muy delgado... sólo que la caída iba a doler mucho más que el agua fría! Traté de alzarme y el techo empezó a romperse más... Grité desesperado por ayuda y el amigo que me perseguía me ayudó a salir. Suerte que alguien me perseguía... Dejé un hoyo bastante grande y me sentía avergonzado, pero la pandilla ni pestañeó sobre los daños ocurridos y siguió el juego como si nada... por las salas, los gimnasios, los patios... era nuestra propiedad! Más tarde ese día, ya anocheciendo, acuerdo que nos escondimos en una tipo bodega, bajo el escenario de una sala de eventos, lleno de libros ordenaditos en pilas que no logré ver bien en la oscuridad. En el momento que se acercó uno de los contrincantes, mi compañero en la salita comenzó a tirar los libros por la puerta hacia afuera para que no entraran, luego cuando abrían la puerta echó varias de las pilas de libros al suelo para bloquear la entrada... y yo ahí parado, demasiado sorprendido como para reaccionar... Si no se acuerdan Mogens (el Marciano) era demasiado (sigo siendo J) educadito como para crear desorden! Demasiado considerado como para botar libros, hacer un desastre de una bodega ajena... en todo caso fue toda una sorpresa ver que a otros eso los tenía sin preocupación y debo admitir que, como verán, fue un día tan memorable como para recordarlo aún después de 18 ó 19 años!!

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